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LA VISIÓN DEL MUNDO EN LA POESÍA DE NEZAHUALCÓYOTL


            La poesía es simultáneamente origen y fundamento. Las palabras escritas pertenecen no tan sólo al poeta sino a la historia, a un pasado y a un momento inseparable de las expresiones colectivas que alimentan al presente y a los actos previos producto de la construcción poética social. Esta posibilidad de crear un significado histórico se encuentra en los testimonios del tiempo. La poesía ha sido una forma habitual de expresión, así como era utilizada por los filósofos presocráticos, de igual manera los sabios del México antiguo forjaban sus mensajes a través de los libros pictoglíficos o códices. A lo largo de los años los tlalmatini (el que algo sabe) encontraron en la poesía el mejor medio para transmitir el pensamiento del mundo náhuatl. El símbolo y la metáfora (Flor y Canto) eran representados en las palabras de los poetas de Anáhuac que se inclinaban con exaltación verdadera a la concepción de la vida. Nezahualcóyotl es sin duda el poeta que sobresale de los demás tlalmatinime. El señor de Tezcoco crea un legado intelectual que converge en dos corrientes: por una parte, por la tradición de los antiguos grupos chichimecas que provenía de la cultura tolteca, y por la otra, por las doctrinas y enseñanzas atribuidas a Quetzalcóatl. Las practicas de origen chichimeca fueron asimiladas por los aztecas y tezcocanos transformándolas en función de sus propios pensamientos políticos que derivaron en una nueva visión expansionista mística y guerrera. Nezahualcóyotl no tan sólo tuvo conciencia de la nueva perspectiva del Pueblo del Sol, sino también se vio influenciado por las instituciones de origen tolteca como el arte de la escritura y las antiguas doctrinas y costumbres religiosas.

            El pensamiento de Nezahualcóyotl plantea el problema de la existencia, la fugacidad del tiempo, el más allá, la inevitable muerte, el sentido de “la flor y canto” (símbolo y metáfora), las palabras verdaderas, y el enigma del hombre frente al Dador de vida. El acto poético del tezcocano se ocupa de lo que podría ser, ayuda a enfrentar lo desconocido en el paso del tiempo:

¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
No para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí…

            Uno de los rasgos en la noción del tiempo en Nezahualcóyotl es el cambio, el desgarre y el desvanecimiento de todo lo que habita sobre la tierra, de un pasado y un presente hechos polvo. Nezahualcóyotl en gran medida tenía razón; sin embrago, considero que esta fugacidad del tiempo no es estática sino cíclica, es decir, que el tiempo pasa pero también el tiempo regresa.

            Cuando se percibe una idea u objeto éste se presenta en diversos niveles de sensaciones. La muerte para Nezahualcóyotl es el reflejo del abominable desvanecimiento material del tiempo. Esta imagen nos lleva a otra realidad fundamentada en el lenguaje, por un lado, reproduce una representación sobre un mundo transitorio, por el otro, una verdad que nos revela quienes somos. Esta intensión de las imágenes poéticas sobre la muerte no son tétricas, son más bien el sentido de la naturaleza humana:

Percibo lo secreto, lo oculto:
¡oh vosotros señores!
Así somos,
somos mortales,
de cuatro en cuatro nosotros los hombres,
todos habremos de irnos,
todos habremos de morir en la tierra…

            La experiencia poética y religiosa de Nezahualcóyotl tienen un origen común; las expresiones náhuatl del arte y el símbolo son utilizadas para acercarse al Dador de vida. La religión interpreta la inspiración, la poesía abre en un instante sobre la tierra la vida y la muerte:

Con flores escribes, Dador de vida,
con cantos das color,
con cantos sombreas
a los que han de vivir en la tierra.
Después destruirás a águilas y tigres,
Sólo en tu libro de pinturas vivimos,
Aquí sobre la tierra…

            Esta revelación nos crea a nosotros mismos, es un acto inseparable del misterio que traducen las palabras. En la reflexión del poeta tezcocano la presencia del Dador de vida representa aceptar lo real, lo tangible. El acto de escribir poemas ofrece una transformación de lo inexplicable y oscuro en un fenómeno humano llamado fe. Esta fe nos hace aceptar el misterio de lo divino en la voluntad de invocar y alabar a dios. Su existencia no es ajena al arraigo intelectual, por tanto, constituye una noción que tiende a crear conflicto en  la materialidad. El negar la presencia divina no resuelve el problema, el pensamiento consciente de Nezahualcóyotl es dueño de sí mismo, su verdadera razón es el acto poético que traslada la creencia en inspiración, en un convivio de orden moral y religioso.

            La creación poética de Nezahualcóyotl exige una transformación de nuestra visión: el corazón del hombre vacila por los senderos de la flor y canto, la cercanía y la proximidad se inician como silencio, no tienen cuerpo ni forma. La voz del poeta de Tezcoco es objeto de su meditación instintiva. Hasta cierto punto la presencia de la divinidad se desaloja con la presencia del hombre hasta reconciliarse sin destruirse. La confrontación arraigada en el pensamiento era la única actitud posible ante la realidad. La poesía de Nezahualcóyotl es el testimonio de una ausencia, pero sobre todo, de una angustia. La flor y canto no cesarán nunca porque no pueden dejar de tener presente al misterio. Los ritos y ceremonias son la esencia de lo sagrado, el hombre es inseparable de su creación mística, la aproximación es terrenal. Nezahualcóyotl lo sabía: el rito es el nacimiento, la ceremonia el tránsito, el acercamiento final a la esencia divina es el salto a la muerte. Su pensamiento es hasta cierto punto pesimista: lo divino afecta la noción de tiempo y espacio, trastorna los sentimientos, la verdad no es verdadera, la búsqueda es infinita. La belleza de su poesía nos mece en la transmisión del mensaje y las ideas, en los símbolos del universo y la inquietante reconciliación del hombre con lo divino.

            Puede concluirse que la poesía de Nezahualcóyotl a pesar de ser en gran medida producto de la herencia cultural tolteca, trasciende lo histórico y encarna un nuevo pensamiento: los hombres son la fuente del perpetuo reconocimiento místico que determina un tiempo que se concreta en un ahora y sabe que existe por el hombre mismo.


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